jueves, 29 de julio de 2010

CAMPO



Allí donde yo vivía


pasaba muy cerca el río

y por eso se escuchaba

su sonido adormecido.



Tenían los campos, todos,

muchos árboles bajitos,

y en cada uno de ellos,

yo escuchaba pajaritos.

Y en la lila de mi patio
se dormían los zorzales,
y su aroma fresco y dulce
endulzaba todo el parque.

Los caballos allá sueltos,
galopando siempre libres,
cómo gustaba mirarlos
sentadita sobre el pasto.

Las crines alborotadas
por el viento de la tarde,
y su relincho feliz...
el grito de los caranchos...

La tarde es siempre muy bella
si te encuentras en el campo,
porque son cientos de aromas
esparcidos por el manto
verde que tapiza el monte,
y un sin fin de gritos raros
de los bichos que se esconden
por ver la noche llegando...

Es muy bello ver el sol
esconderse entre los árboles,
teñirse de rojo el cielo,
mientras veo los caballos
que , tranquilos, caminando,
su lugar viene buscando
para allí pasar la noche
que en las sombras
los va arreando.

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